Ven de voluntario
Rocío   Isabel   Rocío   Conchi   Verónica  

María

  Cuando empecé a pensar que este año era el propicio para irme de voluntariado no pensaba realmente en lo que he vivido. Me habían comentado experiencias sobre otros voluntariados en los que se contribuye unas horas al día y el resto te llevan de turismo, tengo que decir que los estuve mirando, pero, entre que no me coincidía en tiempo ni me acababan de convencer... seguí buscando y encontré Hatun Sonqo.

  Decidí irme con un poco de incertidumbre, me gustaba el planteamiento de la ong pero siempre quedaba la duda sobre qué podría resultar de toda esta aventura. No tenía muy claro que me podía esperar allí ni como iba a reaccionar ni si iba a estar a la altura. Pero... en cuanto llegué, me sentí como si estuviera allí desde siempre, el salto de los niños para darte un beso, un “hola tía”, un abrazo... increíble!! Me sorprendió tanta naturalidad en ese recibimiento.

  Cómo no, sufrí el mal de altura, y para colmo al día siguiente de mi llegada los niños no tenían clase, así que había excursión. Me costó lo suyo aguantar la excursión, pero me dije que ya que había ido tenía que estar y aprovechar hasta el último minuto, y la verdad, no me arrepiento para nada! Hay que empaparse de todo, de como disfrutan con una simple piedra, de las sonrisas que siempre tienen en la cara, de esos abrazos tan sinceros que te dan, de lo que te preguntan, de lo que te cuentan... creo que aprendes tú más de ellos que ellos de tí, sobre todo en sinceridad, cariño y alegría. Llegas a comprender que la felicidad sana se obtiene de lo más simple.

  Respecto a la forma de vida y la casa, tienes que dejarte todos tus ideales de comodidades aquí y disfrutar desde cero de lo que hay allí, llévate solo los ideales de humanidad que son los que importan. Con un poquito de esfuerzo de cada uno la calidad de vida de esos niños y su casa se irá adecuando cada vez más y más. Os animo a experimentarlo!

  Cuando llegaba el final de mi estancia es cuando empecé a valorar si mi estancia había servido de algo, pensaba que yo me volvía a mi casa, a mi vida y ellos se quedaban allí, me parecía que todo había sido poco. Pero luego también empecé a valorar que sin voluntarios, aunque sea por unos días, esos niños no tendrían financiación para comer, continuar, y lo que es muy importante, compartir con ellos momentos de alegría, ayudarles en sus tareas, jugar, compartir, facilitarles un poquitín la vida por unos días, darles el cariño, que suele ser escaso en sus casas... aunque en todo esto tengo mis dudas de si yo les ayudé a eso o ellos me ayudaron a mi :)

  Así que pienso que aunque sea poco tiempo, vale la pena invertir en todos los niños y a la vez ellos invierten mucho en tí!

Verónica Navarro (verobabero@gmail.com)

Septiembre/Octubre 2009