He tenido la oportunidad de colaborar y conocer este proyecto de primera mano
después de haber pasado allí 45 días. Mi experiencia fue por encima de todo, muy positiva.
Todo depende de cuáles sean tus motivaciones y de lo que esperes encontrar allí. Creo que esto
es sumamente importante. Esta era la primera ocasión que colaboraba con una ONG.
La verdad es que no tenía demasiado claro lo que me iba a encontrar allí, pero todo y con esto,
debo reconocer que al principio me sorprendió bastante. Uno tiene una idea de lo que es,
o debería ser una ONG organizada.
Si esperas encontrar allí un modelo de proyecto convencional, probablemente esta no
sea la mejor opción. Hatunsonqo es el fruto de un esfuerzo personal de alguien que, sintiendo
una verdadera vocación por los niños, decidió crear la casa hogar. Giovanni, sigue compaginando este
proyecto con otras ocupaciones laborales y personales. Hatunsonqo no cuenta con
una estructura como puedan tener otras organizaciones. La casa hogar la llevan
él y Clemencia, que es quien se encarga de preparar las comidas. Giovanni pasa la
mayor parte en la ciudad de Cusco. Precisamente por este motivo, considero que
la presencia de los voluntarios en Hatunsonqo es realmente imporante. Los niños
aunque son muy autosuficinente - incluso los más pequeños- necesitan la
presencia de alguien que les mime, les de cariño, les ayude con sus tareas
escolares, les eduque en hábitos de higiene, juegue con ellos... Creo que
esto es lo que hace que estos niños puedan seguir adelante, con la alegría, el
entusiasmo y la ilusión con que lo hacen. En hatunsonqo reciben mucho del
cariño que no tienen en casa, y aunque claro está, nada sustituye el amor de
unos padres, al menos, allí tienen un referente. Personalmente, considero que
hay mucho por hacer y lo bueno es que cada cuál puede hacer su pequeña aportación.
En este sentido, Giovanni siempre se muestra muy abierto a nuevas ideas y
mejoras. Pero también hay que ser realista y ser conscientes de las
limitaciones y dificultades que conlleva el hecho de que no haya alguien
dedicado 100% al proyecto. Y entender que por encima de todo, ellos pertenecen
a una realidad muy distinta a la nuestra, y que sólo alguien que comparte esta
misma realidad y cultura, puede saber lo que es realmente mejor para esos niños.
Esta es la idea principal que os quería transmitir. Si crees que puedes
entender esta realidad, y sentirte cómoda con esto,
entonces el resto es muy, muy fácil.
Los niños son un auténtico regalo. Te dan tanta
energía, tanto cariño, tanta alegría... Confieso que he aprendido muchísimo de
ellos, y que todavía hoy, cuando necesito recuperar la verdadera esencia y
sentido de la vida, pienso en ellos.
Deciros que me encanta y me hace muy feliz cada
vez que alguien se plantea ir a Hatunsonqo. No puedo dejar de imaginarme lo
felices que serán los niños cuando vean llegar a otro tio. Créeme, que lo
necesitan mucho.
Rocío Botello (tochy_6@hotmail.es)
Marzo 2010
Hola a tod@s, me llamo Isabel de Valencia y os escribo para contaros mi experiencia
como voluntaria en Peru en la casa hogar Hatunsonqo, en la que he estado un mes.
Tengo un hijo asi que fue duro para mi separarme de él y hacer realidad el sueño de irme
de voluntaria, gracias que tuve su apoyo y pude disfrutar plenamente de estar allí, lo
cual ha sido de las mejores experiencias que he tenido en la vida. El cariño que he
recibido jamás lo había sentido, los niñ@s con su eterna sonrisa y esa fortaleza que
son toda una lección.
Me llamó la atención lo felices que son pese a sus carencias
tanto materiales como afectivas. Siempre pendientes de mi para que jugara, para los
deberes, las niñas para hacerme trenzas.
No hay lugar para la tristeza estando con ellos.
El entorno natural en el que se encuentra el pueblo es digno de admirar, entre
montañas, con la laguna, la paz que se respira.
En Hatunsonqo he dejado mi segunda familia, porque así me han hecho sentir, como parte de
esa gran familia, sin olvidarme de mis compañer@s de voluntariado, que he tenido la gran suerte de vivir
esto con ellos.
Así que recomiendo a todo el que quiera ser voluntario que no lo dude, que
luche porque merece la pena,no se arrepentiran.Aun me emociono cuando recuerdo sus
bailes y canciones, cuando me encerraban en la habitación y me decían que no me iban
a dejar volver a España o cuando una niña me decia Tía (nos llaman así a los voluntarios),
cuando vuelvas a venir ya no te irás te quedarás hasta el fin del mundo..
No hay palabras para tantas pequeñas cosas que te hacen sentir plenamente
feliz, solo hay que querer dar lo mejor de ti y lo que recibes a cambio... no se paga con dinero.
Estar alli,con los niñ@s ha cambiado por completo mi forma de ver y
sentir la vida, espero poder volver algun día porque ha sido uno de los meses más felices
de mi vida gracias a todos los componentes de Hatunsonqo, desde Clemencia(la cocinera),
pasando por los niñ@s y Giovanni, director de la casa, siempre los llevaré en el corazón
porque ya son parte de mi.
Os dejo mi correo por si alguien está interesado en saber más de mi experiencia.
Un beso a tod@s.
Isabel Torres (isatorram@hotmail.es)
Marzo 2010
¡Hola! A todos los que leais mi experiencia en la casa hogar Hatunsonqo.
Mi inquietud por querer hacer alo relacionado con el voluntariado en Perú me surgió cuando tenía 15 años.
Siempre quise ayudar en Perú a una ong de niños, y este año mi sueño se hizo realidad. Diez años después de empezar a querer realizar
esta aventura conocí la casa por internet.
Un día dije, este año voy!, y empecé a buscar, llamé a Giovanni y concreté la fecha.
Los niños son increíbles, cada uno de ellos te enseña una lección de vida. Una forma de actuar que a veces te asombra,
son cariñosos, agradecidos, siempre tienen una sonrisa, un beso y un gracias.
Allí la vida es muy diferente de la de aquí, ¡todo!, desde las calles sin asfaltar, los animales pasando por tu lado
(vacas, cerdos, burros...). Los días pasan rápido, rápido. Te levantas, les haces el desayuno, desayunan y cada uno se va a hacer lo que sus padres
les dicen (sacar al ganado, ir a la chacra...) Ayudar a Clemencia a cocinar, que la pobre tiene mucha faena, a la 13h comen los niños, después se hacen actividades
con ellos (juegos, escritura, tareas...) Después la cena, y ven un poco la tele en la casa de las habitaciones.
Esto es lo que hacía yo cuando estuve porque eran vacaciones y no tenían clase.
En resumen, estos niños merecen tener lo mismo que cualquier niño, merecen tener la oportunidad de estudiar y poder prosperar, salir de la pobreza.
Y esa oportunidad corre a cargo de cada uno de nosotros.
Mi sueño se hizo realidad, y me dieron mucho más ellos a mi que yo a ellos, muchísimo más. Tengo ganas de volver ya ¡¡Os quiero niños!!
Quien lea esto y quiera ir que no lo dude, te valdrá mucho la pena, nunca te arrepentirás, al contrario, estarás deseando volver como yo.
Un saludo. Niños os quiero!
Rocío Tortosa Francés (surraum8@hotmail.es)
Enero 2010
Este era un viaje que tenía pendiente hace 1 año y medio, pero que lo tuve que posponer a raiz de una grave enfermedad de mi madre que superó.
Por lo que me quedó una espinita clavada en el corazón que me decía que tarde o temprano tenía que ir y convivir con esos niños durante unos días.
Tenía ganas de vivir la experiéncia como voluntaria en una ONG de niños. Finalmente pude disponer de 3 semanas y volví a reservar los vuelos dispuesta a ir.
El primer día que llegué a Pomacanchi y empezaron a llegar los niños, el recibimiento que me dieron fue increible y todas las dudas que tenía se me quitaron de golpe.
Los besos, las sonrisas, su alegría e inmediatamente se pusieron a jugar conmigo, esto es algo indescriptible. Me sentí totalmente acogida por ellos en un país extraño y diferente al mío.
Me contagiaron su alegría y total confianza.
Los siguientes días fue de trabajo y trabajo ayudando a Tía Clemencia, la cocinera y madre de varios niños. Clemencia tiene un trabajo enorme teniendo que preparar
comida para 15 o 40 niños, dependiendo del día, ya que al ser vacaciones de verano los meses de Febrero y Marzo nunca se sabe cuantos niños pueden haber ese día. Los días transcurrieron
acompañando a los niños a recoger a su rebaño de ovejas, o ayudarles en sus tareas de colegio, o simplemente pasear con ellos por el pueblo o ir de excursión.
Los voluntarios les enseñamos unas normas de higiene, alimentación, enseñanza, etc. pero ellos nos enseñan humanidad, algo que en otros países se ha perdido.
Los niños absorven todo lo que les enseñamos, pero nosotros aprendemos de ellos muchos más valores.
Los niños acogen a todos los voluntarios con una enorme sonrisa, por lo que recomiendo vivir esta experiencia totalmente gratificante e inolvidable.
Conchi Vaquero (cva1515@yahoo.es)
Enero 2010
Cuando empecé a pensar que este año era el propicio para irme de voluntariado no pensaba realmente en lo que he vivido.
Me habían comentado experiencias sobre otros voluntariados en los que se contribuye unas horas al día y el resto te llevan de turismo,
tengo que decir que los estuve mirando, pero, entre que no me coincidía en tiempo ni me acababan de convencer... seguí buscando y encontré Hatun Sonqo.
Decidí irme con un poco de incertidumbre, me gustaba el planteamiento de la ong pero siempre quedaba la duda sobre qué podría resultar de toda esta aventura.
No tenía muy claro que me podía esperar allí ni como iba a reaccionar ni si iba a estar a la altura. Pero... en cuanto llegué, me sentí como si estuviera allí desde siempre,
el salto de los niños para darte un beso, un “hola tía”, un abrazo... increíble!! Me sorprendió tanta naturalidad en ese recibimiento.
Cómo no, sufrí el mal de altura, y para colmo al día siguiente de mi llegada los niños no tenían clase, así que había excursión.
Me costó lo suyo aguantar la excursión, pero me dije que ya que había ido tenía que estar y aprovechar hasta el último minuto, y la verdad, no me arrepiento para nada!
Hay que empaparse de todo, de como disfrutan con una simple piedra, de las sonrisas que siempre tienen en la cara, de esos abrazos tan sinceros que te dan, de lo que te preguntan, de lo que te cuentan...
creo que aprendes tú más de ellos que ellos de tí, sobre todo en sinceridad, cariño y alegría. Llegas a comprender que la felicidad sana se obtiene de lo más simple.
Respecto a la forma de vida y la casa, tienes que dejarte todos tus ideales de comodidades aquí y disfrutar desde cero de lo que hay allí,
llévate solo los ideales de humanidad que son los que importan. Con un poquito de esfuerzo de cada uno la calidad de vida de esos niños y su casa se irá adecuando cada vez más y más. Os animo a experimentarlo!
Cuando llegaba el final de mi estancia es cuando empecé a valorar si mi estancia había servido de algo, pensaba que yo me volvía a mi casa, a mi vida y ellos se quedaban allí,
me parecía que todo había sido poco. Pero luego también empecé a valorar que sin voluntarios, aunque sea por unos días, esos niños no tendrían financiación para comer, continuar,
y lo que es muy importante, compartir con ellos momentos de alegría, ayudarles en sus tareas, jugar, compartir, facilitarles un poquitín la vida por unos días, darles el cariño,
que suele ser escaso en sus casas... aunque en todo esto tengo mis dudas de si yo les ayudé a eso o ellos me ayudaron a mi :)
Así que pienso que aunque sea poco tiempo, vale la pena invertir en todos los niños y a la vez ellos invierten mucho en tí!
Verónica Navarro (verobabero@gmail.com)
Septiembre/Octubre 2009
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